Cuando algo es tan repetitivo en la sociedad, hay que preguntarse por qué. Lo fácil es meter en la cárcel al agresor sea hombre o mujer. Pero todos los problemas que parecen irresolubles obligan a cambar el prisma con el que los analizamos. Mis circunstancias personales me han obligado a hacer un análisis de mi vida y he encontrado que cuando alguien me falta al respeto física o psíquicamente, es que yo di permiso primero; o bien, tras la primera vez no he sido capaz de corregir esa situación.
Das permiso cuando no te respetas, cuando te crees que no vales nada, cuando das al otro el poder sobre ti, cuando crees que esa persona te da el valor, cuando te sientes culpable y por tanto aceptas el castigo, cuando no confías en tu capacidad para salir adelante, cuando te da vergüenza reconocer que te has equivocado, cuando no expresas lo que sientes ante la actitud de agresión, cuando no pides ayuda…
Te propongo un ejercicio. Cuando te mires al espejo al levantarte, di «te quiero» mirándote a los ojos. Sé consciente de lo que ocurre. Algunas personas son incapaces de decirse a si mismas «te quiero». Tu eres lo mas importante para ti, y después los demás. Si no te cuidas , no puedes cuidar, si no te respetas, no puedes respetar. Y si no haces caso de estas señales, tu cuerpo comenzará a hablar. ¿Y cómo habla? Quitándote la salud, que es la herramienta mas eficaz para que le prestes atención.
Se está tratando de equiparar la agresión del hombre a la mujer con la de la mujer al hombre. No hay proporcionalidad. la fuerza física es la diferencia. La mujer ha asesinado tradicionalmente al hombre con los venenos, traducción directa de su incapacidad para enfrentarse físicamente al hombre, pues suele perder la vida o salir muy dañado su físico. El maltrato femenino suele ser psíquico, cuestión que los médicos forenses y los jueces no valoran sea cual sea el ámbito. El hombre , sin embargo, va directo a golpear, al cuchillo, a la bala, se siente invulnerable frente a la mujer. Tras estas actitudes también hay una diferencia. Ambos matan, la mujer lo hace para obtener libertad u otra cosa y el hombre lo hace por posesividad: lo mío no me lo quitan ni lo comparto con nadie.
Paralelamente a las medidas legales y de protección de las personas, deben emprenderse acciones de educación. A los varones enseñarles que las personas no tienen dueños y que en este mundo nadie es propietario de nada, solo tenemos el usufructo de todo. Lo único seguro que tenemos es la muerte del cuerpo físico, salvo que resucitemos y al morir, no nos llevamos nada. La vida demuestra que todo lo que tienes te lo puede quitar de un soplo. Qué importante es que las mujeres aprendan a estar solas , que no se les programe tanto socialmente que sin tener pareja o hijos no valen tanto.
Las mujeres maltratadas con orden de alejamiento vuelven a ver a sus maltratadores. ¿Perdonan o dependen tanto de ellos? Es básico el respeto a uno mismo para que te respeten. El maltratador físico también lo es psíquico. En su mediocridad y miedo, procura que tu sientas que no vales nada, que sin él o ella no tendrás a nadie. Es el propio miedo del maltratador el que le hace violento y cruel contigo. Los celos no son muestra de amor sino de posesividad, de miedo cerval a perder, de baja autoestima. No te quiere mas, te posee mas. No estás obligada u obligado a recibir golpes porque te hagan sentir culpable o inútil. Tomar conciencia es lo primero. A lo largo de mi vida he comprobado que el juez mas severo de las «debilidades » de una mujer es otra mujer. ¡Cuanto nos tenemos que perdonar unas a otras las mujeres!.
Señores políticos, endurecer las leyes es parte del juego. Salir de él es mirar otras cosas. Educación en la libertad y el respeto al ser humano en todas sus facetas, sin raza ni sexo. Hay mucho que hacer. Pónganse a ello por favor.